La fórmula de Carlos Cano

Publicado: mayo 9, 2010 en desmovilizados
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Medellín, cuesta arriba

Esta es la historia de un colombiano que estuvo en la violencia toda la juventud y por fin encontró sosiego como profesor de matematicas.

A mediados de los ochenta Medellín estaba a punto de ahogarse en su propia sangre por culpa del narcotráfico. En un solo año, las disputas entre las brigadas de Pablo Escobar, las pandillas de la droga y las milicias dejaban a más de 300 policías muertos, junto con unos tres mil jóvenes entre los 14 y los 25 años.

Carlos Alberto Cano fue uno de esos adolescentes que se dejó arrastrar a la ‘maldita vida fácil’ atraído por el dinero, las mujeres y las armas. Quince años estuvo en la delincuencia, primero hizo parte de las pandillas de droga y luego se enlistó en el bloque Cacique Nutibara de las Autodefensas Unidas de Colombia.

A pesar de todo corrió con suerte. Pudo salvar su vida, borró las cicatrices psicológicas que deja la violencia, terminó su carrera de ingeniería, pero su tremenda equivocación lo dejó lisiado de por vida.

“Cuando el conflicto entre los grupos de derecha e izquierda estaba más intensificado – dice Cano – nos citaron a una entrevista. Nos estaban era esperando… Varios de mis compañeros murieron en esa emboscada. Yo recibí cuatro impactos de arma de fuego y uno de ellos me atravesó la columna”.

En una cama, sin poderse mover, transcurrieron los tres años siguientes. Un día, de repente, una chispa de vida o quizá el miedo a quedar cuadrapléjico, lo motivó a hacer terapias. Con la gimnasia los músculos empezaron a aflojar. En silla de ruedas regresó a la calle y a las andanzas.

La policía lo capturó y fue recluido en la cárcel de Bellavista. En prisión escuchó por primera vez sobre las negociaciones de paz entre las AUC y el Gobierno Nacional, y tras conocer muchas historias de reintegrados que estaban estudiando, reconstruyendo sus familias… cambiando. Le apostó a la paz y participó desde la cárcel en la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara, el 25 de noviembre de 2005.

Números para la paz

Después de cumplir su condena, Carlos Cano ingresó al Programa de Paz y Reconciliación, de la Alcaldía de Medellín y empezó una nueva etapa en su vida. “En el Centro de Formación para la Paz y la Reconciliación CEPAR nos hacían los talleres psicosociales, donde los profesionales empezaban a rescatar esos valores que habían por allá guardados, en la estima, el autocontrol, la autoimagen y demás valores que se van perdiendo debido a la vida delincuencial. Esos profesionales lo que hacen es sacar nuevamente el alma”, afirma.

Gracias a su tutora Cano rescató destrezas cognitivas de su infancia, al tiempo que aprendió a respetar horarios, a mejorar el lenguaje y a cuidar la imagen personal. Todo esto hizo posible que el CEPAR lo vinculara laboralmente para dictar clases de matemáticas a otros participantes en proceso de reintegración y a los vecinos de la comuna nororiental de Medellín.

“Carlos Cano llegó como un participante más, como un alumno más –recuerda Clara Cortes, Directora del CEPAR–. Realizó los cursos de extensión en inglés, matemática, pre ICFES, sistemas, que ofrecíamos a los bachilleres que estaban esperando ingresar a la universidad. Durante su capacitación se destacó por la excelencia académica y su buena conducta… Él mismo fue el que me dijo que quería trabajar”, afirma la directora.

Diariamente dicta cuatro clases de dos horas cada una. Esta labor le permite demostrarse a sí mismo que está en el camino correcto, además le sirve para ver el avance y compromiso de otros participantes del proceso de reintegración con la formación vocacional, laboral y con la paz de Colombia.

Sus estudiantes están admirados del cambio, al igual que sus familiares. Su hermana menor Juliana afirma que antes era una persona que no le importaba nada, “era solitario, de mal genio, no le gustaba compartir con la familia… Ahora tiene corazón”.

Esta transformación que le tomó cinco años de su vida y le permitió el pasado 25 de noviembre de 2008, en una emotiva ceremonia en la que se graduaron 499 participantes del proceso de reintegración, regresar a la sociedad como un ciudadano respetuoso de la ley y la democracia. Al recibir su diploma, Carlos Cano dijo que estaba muy orgulloso de haber cumplido con él y con Colombia.

“Todos esos pensamientos que tenía anteriormente fueron cambiados por la moral y la ética del trabajo. Esto apenas está empezando y yo quiero ser un ‘multiplicador’ de lo que estamos consiguiendo hoy. Es el momento de entregarle a la sociedad los resultados de lo que hemos aprendido”, concluyó Cano.

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