Paisajes del Canal de Panamá, a todo vapor

Publicado: octubre 26, 2010 en Viajar
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Archivo particular

PANAMA (El Tiempo, de Bogotá).- La octava maravilla del mundo, ese puente marítimo que une las aguas turbulentas del Pacífico con las tranquilas y coloridas del Caribe, es el telón de fondo que se aprecia desde el tren Interoceánico de Panamá.

Antes, un poco antes de que los exquisitos paisajes de la cuenca hidrográfica del Canal de Panamá aparezcan a través de las ventanas del tren, éste se abre paso por la tupida selva, tramo que aunque es digno de atención, en comparación con lo que sigue, se convierte en el momento ideal para dejarse atender por las camareras del tren.

Cuando el río Chagres desemboca artificialmente en el lago Gatún, no debe haber interrupciones. Sería un sacrilegio perderse el espectáculo de los buques de gran tamaño que se enfilan para pasar a las esclusas de Miraflores en el Pacífico o a las de Gatún en el Atlántico… para seguir su travesía por otros rincones del planeta azul.

En el corazón de la cuenca, la mirada logra salir de ese primer plano decorado de barcos y mercancías y es atrapada por la isla Barro Colorado, una porción de tierra donde se levanta imponente la primera reserva de bosque húmedo tropical del Nuevo Mundo.

Desde el tren esta isla se ve tan pequeña que es difícil imaginarse que allí hay 1368 especies de plantas vasculares que sirven de refugio a 93 especies de mamíferos, 366 de aves y 90 de anfibios.

Por eso, antes de llegar a destino, Barro Colorado se roba una promesa, la de volver a Panamá para conocer de cerca este paraíso ecológico.

Después de dos horas el tren se detiene en Colón, una ciudad moderna en la que la vida no transcurre con la tranquilidad de la colonia que alguna vez fue. Al contrario, esta terminal Caribe del Canal de Panamá late al ritmo del bullicio de la cultura afroantillana, que se instaló allí casi desde su fundación, y al de los turistas nacionales y extranjeros que convergen en la zona libre para adquirir mercancías a buenos precios.

El recorrido continúa por las aguas azules de la costa colonense que, 43 kilómetros después, seduce con el histórico poblado de Portobelo y su conjunto monumental del siglo XVII, declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco.

Una de las fortificaciones que hicieron famosa a Portobelo es el castillo de San Lorenzo, en la desembocadura del Chagres. Allí, los futuros herederos de la ciudad relatan, una y otra vez, la historia de horror cuando el pirata Henry Morgan utilizó el cauce de este río para llegar a la Panamá La Vieja y saquearla. Portobelo rápidamente se despoja de su imagen de ciudad colonial, y se convierte en pequeños caseríos de negros que aparecen, cada tanto, en las orillas del mar Caribe.

En estos pueblos no faltan las construcciones pintorescas, las familias de ocho o más niños ni las pequeñas balsas de madera utilizadas para transportar a los turistas mar adentro y para la pesca artesanal.

Los destinos más solicitados por los turistas son los ocho sitios de buceo, desde donde es posible aproximarse a los antiguos galeones que repletos de oro llegaban de España para surtir los comercios de América Central y del Sur.

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=202698

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