Lluvia después de la muerte

Publicado: diciembre 26, 2010 en periodismo
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(Archivo El Tiempo). Rafaelina González caminaba por el desierto de la Alta Guajira con su pequeño rebaño de chivos y cabros; iba en busca de Jepira, la Tierra de los Muertos, lugar donde Mareywa (Dios de los wayuú) transformaría su espíritu en lluvia (si alcanzaba la purificación) o en wan (alma transportadora de enfermedades y muerte).

Llegó al Cabo de la Vela, lugar donde probablemente encontraría a Dios. Lo esperó todo el día sentada en la playa con los demás Joluyas (espíritus de los muertos), pero él no aparecía.

Cuando cayó la tarde vio la imagen fugaz de Regina, su madre, quien se dirigía hacía el faro donde está la Virgen del Carmen. Entonces decidió seguirla, subió la loma y encontró la casa de Mareywa. El la estaba esperando, había llegado la hora de su juicio final.

Este viaje, que empezó con su muerte hace seis años, solo terminará y podrá pasar al otro estado: la purificación, cuando Raquelina, su hija menor, organice su segundo entierro.

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El deambular de Rafaelina al parecer terminó el pasado diciembre, cuando su hija, Raquelina, supo, a través de un sueño, que el momento de preparar su segundo entierro había llegado.

Inmediatamente comenzó una larga ceremonia que dura un mes y que es una tradición en la cultura wayuú. Durante ese tiempo, Raquelina llamó a su hermano mayor que vivía en Maracaibo para que él construyera la enramada, el campamento y consiguiera los animales que componían el corral de su madre. Rafaelina mientras tanto era juzgada por sus actos en vida en los recintos de Mareywa.

Transformación del espíritu

Como era la costumbre, Raquelina, la elegida, mandó a un viejo indígena al Internado Indígena de Nazaret en busca del padre Francisco para avisarle del entierro en Siapana, unas rancherías en medio del desierto. Como el padre estaba con dos arihunas (extranjeros) que habían llegado con la Corporación Clorofila Urbana decidió llevarlos para que conocieran uno de los cultos más significativos para la comunidad indígena de los wayuú.

El entierro wayuú dura lo mismo que la resurrección de Jesús (tres días) , explicó Arcila. En ese momento, los hombres estaban totalmente ebrios pues la manera como honran al muerto es tomando chirrinchi, un licor artesanal que elaboran los indígenas. Las mujeres, en cambio, rezaban para ayudarlos a la ascensión al Jepira.

En el centro de la multitud, al lado de la bóveda, estaba Raquelina sacando los huesos de su madre. Primero los lavaba con chirrinchí, después con un palo quitaba la carne que estaba muy pegada y los iba poniendo en un pequeño cofre.

Al ver al padre Francisco se le aguaron los ojos. Es un honor para mi sacar los restos de mamá Rafaelina. !Es un honor, no un sacrificio , gritaba como si intentará calmarse, pues ella, por ser la elegida, no puede llorar durante la ceremonia, si lo hace en pocos días la muerte viene por ella.

Tampoco puede tocar nada. Después de unir las muñecas, la señal del descanso eterno y la manera como se protegen de los espíritus malignos, la elegida no puede mover las manos. Los wayuús, continuó el padre, creen que si las niñas separan las manos se les meten las almas atormentadas. Algunas lo han hecho y les dan horribles ataques de epilepsia .

No puedo tocarme el cuerpo, lo que estoy sacando es muy sagrado, no es un ser vivo no más, es humano , dijo Raquelina. Por fin unió las manos y el padre Francisco comenzó el sermón de la misa que parecía una clase para alumnos de preescolar.

Cuando terminó el sermón la elegida puso el cofre en la bóveda y el hermano le regaló un cabro al padre, a los arihunas Margarita Troyano, carne de res y, a Javier Troyano, de chivo. Aunque está repartición, que representa el corral que acompaña a la muerta, se hace los tres días a las 6:00 a.m., los invitados para ellos eran tan especiales que decidieron hacerlos parte de la ofrenda.

Con una balacera terminó la ceremonia. Todos los hombres comenzaron a disparar al cielo para que Rafaelina partiera definitivamente.

La llegada de la lluvia Inmediatamente, Raquelina fue llevada por sus familiares más cercanos a la ranchería donde permanecerá durante un mes. Las enseñanzas de la Piache (vieja wayuú) dicen que el encierro evita que el alma de los parientes se devuelva.

Esa noche, al igual que las cuatro anteriores, ella no puede dormir para que no se le entre el demonio. Para evitarlo, los tíos interpretan el Jayechí (canto compuesto por los guajiros) y le cuentan cuentos.

Tampoco puede comer: Es como si me estuviera comiendo lo que acabé de sacar , dice Raquelina. El ayuno, que consiste en ingerir únicamente chicha caliente sin alcohol, dura lo mismo que la ceremonia y se hace para que no se canse.

Al amanecer empezaron a caer unas pequeñas gotas del cielo. Raquelina González, que hasta el momento parecía enferma, se recompuso inmediatamente porque muy probablemente Rafaelina era ahora un espíritu de la lluvia.

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comentarios
  1. Reinaldo Bohorquez dice:

    Hermoso, me encanta la cultura wayuu… buena historia y muy cierta la elegida es un ser muy especial y de mucho cuidado antes y después de l a ceremonia. Gracias por compartir esta historia. tan real, tan misteriosa, tan actual, tan antigua, tan wayuu… Felicidades…

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